La guerra de egos e imagen pública entre los titanes de la inteligencia artificial ha dejado un nuevo episodio cargado de hipocresía. El CEO de OpenAI, Sam Altman, ha arremetido contra Anthropic tras la sonada polémica surgida por las declaraciones de la compañía rival al intentar explicar la «consciencia» de sus modelos al Papa en el Vaticano. Altman calificó la situación de ridícula, criticando el mesianismo de sus competidores.
Sin embargo, la memoria de la industria no es tan corta: el propio directivo de OpenAI ha recurrido de forma sistemática a metáforas religiosas y simbolismos mesiánicos para vender su visión de la Inteligencia General Artificial (AGI).
Misticismo, AGI y guerra de propaganda entre OpenAI y Anthropic
Las fricciones entre ambas tecnológicas reflejan la encarnizada lucha por controlar la narrativa del sector:
- El incidente de Anthropic en el Vaticano: La startup intentó abordar el debate sobre la posible sintiencia o consciencia de sus modelos de IA en un encuentro religioso, lo que desató duras críticas por la falta de rigor científico.
- La burla pública de Altman: El líder de OpenAI aprovechó la controversia para desmarcarse de sus rivales y tildar de pretencioso el enfoque de Anthropic al mezclar fe y tecnología.
- El historial mesiánico del CEO de OpenAI: A pesar de sus críticas, Altman ha comparado repetidamente la llegada de la AGI con eventos de trascendencia divina, profetizando «abundancia infinita» y la salvación de los males de la humanidad.
- Estrategia de marketing de la «IA Dios»: Diversos analistas señalan que alimentar la mística en torno a la IA responde a una estrategia calculada para inflar las valoraciones bursátiles y atraer miles de millones de dólares en inversión.
La batalla por la narrativa de la Inteligencia General Artificial
Más allá de los dardos en redes sociales, el cruce de acusaciones demuestra cómo las mayores empresas de tecnología del mundo navegan entre la divulgación científica y la propaganda mística. Mientras prometen un futuro utópico o advierten sobre riesgos apocalípticos, la realidad de los modelos actuales sigue estando ligada a la infraestructura informática, los datos y el consumo energético real.









