Los jugadores de PlayStation convocan un apagón masivo de una semana en protesta por el abandono del formato físico
La tensión entre la comunidad de consolas y las políticas digitales de los grandes fabricantes acaba de estallar. Un grupo masivo de usuarios de PlayStation se está organizando en redes sociales y foros para llevar a cabo una huelga de conexión de siete días, apagando por completo sus consolas en señal de protesta por la progresiva marginación del disco y las ediciones físicas por parte de Sony.
La iniciativa, que busca hacer mella en los picos de actividad y consumo dentro del ecosistema de la red, refleja el descontento creciente tras los últimos lanzamientos de la marca orientados de forma casi exclusiva a los catálogos digitales.
Las reivindicaciones tras el boicot a la red de PlayStation
La convocatoria insta a los jugadores a desconectarse por completo durante una semana completa bajo un pliego de peticiones muy claro:
- Protección del formato físico: Exigen que todos los grandes lanzamientos (first-party) de la compañía sigan contando con ediciones en disco con el juego completo instalado, sin depender de descargas masivas obligatorias.
- Garantía de preservación: Denuncian la vulnerabilidad del modelo digital, donde la compra de un título queda sujeta a licencias revocables o al eventual cierre de los servidores de la tienda.
- Precios competitivos: Critican la disparidad de costes, señalando que la falta de competencia del mercado físico elimina la posibilidad de encontrar ofertas en tiendas o mercado de segunda mano.
- Desconexión total: La consigna pide no iniciar sesión, no comprar en la tienda digital y no consumir contenidos en línea durante los siete días de duración del apagón.
Un pulso directo a las métricas de la compañía
Aunque resulta difícil predecir el impacto exacto que tendrá la protesta en las cifras globales, el movimiento pone de manifiesto la desconexión entre la estrategia comercial de la industria —cada vez más volcada en la distribución digital sin costes de producción— y una base de usuarios tradicional que se niega a renunciar a la propiedad real de sus colecciones de videojuegos.







